Moraes

Después de la luna de Semana Santa, después del letargo de invierno, después de que un golpe seco partiera en dos las rutinas cotidianas, después de la sacudida y la provocada reflexión, después de todo es lo que queda cuando no queda nada más que el lúcido lamento de una soleá. Moraes inquieta el alma con su ruido negro y que ustedes lo vean.



Ardimiento tardío ochentero. Un pequeño milagrito donde se conjuga los sonidos del after-punk con los del shoegaze. Música de firme encaje emocional que intenta apelar a esa receptividad sensitiva: ”Hay tiempos que se curan con desastre, no hay tiempo para que pueda salvarte”. Los impulsos serán presentimientos, será la polución eléctrica sobresaturada la que se retroalimente con el propio ruido del conflicto emocional. Moraes será aquello que hará saltar las alarmas de los aeropuertos con los cuchillos que alguien hundió en su atropellado corazón.



En un punto entre el sueño y la consciencia, fluye el hontanar del sentimiento. Moraes, como taciturnos espectros alrededor de un vórtice, merodean en torno a ese arroyo en busca de aliento e inspiración. Sus canciones -recias filigranas en estado de rarefacción, esculpidas en éter puro-, están dotadas de una intensidad emocional particularmente desazonante: escarcha abrasadora que se adhiere a los pliegues del alma, toxicidad noise que altera los estados de conciencia… Ni más ni menos que el viejo sueño alquímico de transformar la indefinida argamasa de nuestras emociones en un prístino anhelo de trascendencia. El claroscuro interior transcrito al pentagrama, abierto en canal y diseccionado. La cerúlea y mórbida belleza de la aflicción eléctrica: el feedback también siente.

Próximamente directo a tu DeFectuoso corazón.

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Reseña: Moraes – “Acantilado” (2019)
08/05/2020 – Originalmente publicado en https://everlongmagazine.com/

En esta transición hacia una supuesta nueva era, tiene uno la corazonada de que se está cerrando una etapa musical y abriéndose una más interesante, más honesta y muchísimo más valiente. Percibo que el punk ha muerto y no crea que sea el único. Nuestro amiguín Pablo Und Destruktion también hace eco de ello en su ‘Credo Paisano’: “Qué equivocado ha estado siempre el punk” . Tal vez lo haya matado su ombliguismo o sus discursos dogmáticos, convirtiéndolo en algo sectario y excluyente. O quizás sea ese lema de “hazlo tu mismo”  lo que lo acabó en un acto onanista, cerrado a su propio entorno y negando la colaboración con otros géneros y públicos. Sea como sea, en mi opinión el termino “esto es muy punk”  es tan vacío como ese conjunto que tanto seducía y provocaba y hoy ya solo provoca aburrimiento. Demasiadas normas para al final morder el anzuelo y caer en la trampa.

Quizás se explique mejor todo esto con música que con palabras o actitudes políticas. Moraes me parece un buen ejemplo, por salirse de esos círculos sectarios y crear una fantástica colección de canciones donde el rock de guitarras hermanas de The Jesus and Mary Chain o Galaxie 500 se ponen al servicio de un corazón lleno de pop y espiritualidad. Estamos hablando de bellas melodías y unos sentidos textos en los que que hay que bucear para llegar a ellos. Envueltos en capas y capas sonoras que tienen la noble misión de crear una unidad donde todo es importante y donde la voz no siempre destaca sobre la música.

Acantilado esta plagado de rock pero claramente domina el pop (si entendemos por pop las melodías). Se aleja de los extremos y se centra en el amor y la nostalgia. Se acerca uno hasta este “Acantilado” donde el abismo que nos espera no es otro que nuestro propio reflejo. Una música llena de guitarras sencillas y repetitivas que nos introduce hacia ese espejo que es ‘Crisstal’, que como una nueva esperanza sentencia con el corazón y desafía al reflejo: “¡Qué puta mentira, si moriré contigo!”.

Románticos e inspirados suenan en ‘Cenizas’, prendiendo fuego a todo lo que fuimos para huir hacia delante sin mirar atrás con ira. Pisando el acelerador con la urgencia y la necesidad de esa ‘Fatalidad’ dirigida por un riff obsesivo que dispara contra este mundo buenista donde parece mal visto sufrir y sentir: “Y trataran de clausurar tus emociones. Y trataran de clausurar tus ilusiones” . Viscerales y con los pies puestos en el presente. Ambientes oníricos, paisajes desnudos deudores del mejor rock del sur del mundo para cantar a la amistad en clave de nostalgia y con el alma en los labios en esa ‘Terror’ en la que se evocan tiempos mejores. Y es que no hay nada más profundo y honesto que los sentimientos puros hacia un amigo. Es la otra cara de la moneda en oposición al amor de pareja, donde siempre se cuelan miserias y especulaciones. ‘Renata’ es grande y pequeña a la vez, de tono ingenuo en lo musical, sostenida sobre una linda línea de teclado para contar algo que no se suele contar: lo maravilloso y diferente que es el amor de padre. Ese amor que se transforma en observación infinita, que basa todos sus sentimientos en el apoyo de: “¡sé lo que quieras ser que ahí estaré!”. De ahí al pop radical con frenesís de ruidos emocionales.

Continúa el viaje en busca de un amor correspondido, que no obsesivo, mediante ‘Mantos de Silencio’, la redentora ‘Infierno’ y ‘Mudosonido’, donde se cuela un saxo fantasmal que parece provenir del mas allá. ‘Fantasmas Temen’ y ‘Atento a Todo’ cierran este “Acantilado”, que desde luego no va a ser la obra mayúscula que debería de ser si no ponemos un poco de nuestra parte y le damos la oportunidad que se merece. ¡Os lo suplico! Poned aquí algo de atención y comprobaréis cuan grandes serán las emociones que os devolverá esta música llena de amor y honestidad.

Alumbrado en Palma de Mallorca en Impala Uno, cabe destacar para concluir, que en esta misma factoría se han germinado obras como las de Come Animal!, Island Cavall Fuego en Castilla. Todas ellas con el poder en la sombra de Chano Impala a los mandos de la nave, implicándose como nadie hasta ser literalmente miembro y base de todas esas bandas. No se me ocurre mejor comandante que él para ir al frente. Quien lo tiene dentro de su música, también lo tiene dentro de su corazón y eso se traduce en tener el viento a favor.

David Doinel

Existencialismo urbano a través de Rafael Berrio

Si hay un artista en nuestro país que encarne el compromiso entre una expresión poética de altos vuelos y un lenguaje musical que, sin renegar del clasicismo (antes al contrario, realzándolo con singular elegancia), prime los mimbres emocionales de la composición, ese es el finado e inolvidable Rafa Berrio.
Proveniente de esa periferia del mainstream -poco valorada desde los snobs parámetros del indie- que siempre jugó a la carta de la honestidad, su mayúsculo legado quedará para la posteridad como un modelo de artesanía sobria y humilde, en las antípodas de la expresión altisonante y efectista tan cultivada por estos pagos. La entraña literaria de su muy pulida escritura -de cariz existencialista, pero animada por cierta urgencia rock que nunca dejó de insuflarle frescura- jamás se impuso a las dinámicas musicales, privilegiando en todo momento un equilibrio compositivo admirable, al alcance de muy pocos.
Desde Niño Futuro queremos honrar su memoria y reivindicar humildemente su obra. Nos mueve tanto la esperanza de acrecentar su más que merecido reconocimiento como el deseo de asimilar para nuestros propios proyectos la nobleza espiritual y el arrollador ímpetu que transmitían sus canciones.  

Hoy hace un año de la hermosa vida que amamos: https://everlongmagazine.com/rafael-berrio-la-hermosa-vida-que-amamos/

Holy

Un mundo entero reflejado en un charco: Canciones de Holy

Buceando a pleno pulmón hacia el fondo de la canción, sumergidos en el universo de alguien a quien le caben varios mundos dentro. Encontramos en lo más profundo esta particular Fosa de las Marianas. Un repertorio que renuncia a secuenciarse cronológicamente y apuesta por ordenarse emocionalmente. Pop envenenado con toda la mala baba del punk que tutea al porvenir. Alambre de espino eléctrico. Tristezas flexibles que tienen el encanto del cielo cuando subes des del fondo a la superficie.

https://holybcn.bandcamp.com/



Será después del Adviento que viene, será este próximo Viernes de Dolores, será maravilloso.

De carreras en Impala Uno

Narcís R.E. (Come Animal, Island Cavall, Colega Chungo y Niños Futuros varios)
Ideólogo, politólogo y agitador cultural.

Se me hace raro aun llamarle Impala Uno. Para mí siempre será Can Chano. Y en mi opinión, creo que él logró lo que quería. Desde el primer momento en que lo conocí, su meta siempre fue esto, tener un espacio donde poder grabar cada instrumento individualmente si le apeteciese. Aun recuerdo que llegué a él a través de mi hermano., tal vez si no hubiese sido por él, jamás me hubiera cruzado con Impala. Al principio estaba en un cuartucho en Palma, y yo flipé un poco con las primeras grabaciones de Moraes, tal vez porque no las entendía muy bien. Y es que la música hay que entenderla. En definitiva, es un espacio donde les preocupa mucho lo que se quiere transmitir, en esto Chano es especialmente bueno, ya que siempre le buscará el qué para darle sentido a lo que está grabando. Siempre acaba dejando su impronta y su sello en todo lo que hace. Luego está la ubicación, los espacios, la fotografía bonita, la calidad de equipos, de monitores… Al final, y parafraseando al manacorí: Rafael Nadal ”calidad y garantía al mejor precio”. Creo que la mejor bandera de Impala es la cantidad de material grabado ahí y que ha sido finalmente editado

20 años en el Limbo

20 años no serán nada. 20 años será todo lo que usted quiera. 20 años desde que el ángel Simón marcara la diferencia. 20 años y un apocalipsis después seguirán siendo la resistencia, los últimos románticos.
David, Carmen, felices 20 años y gracias totales por todas las canciones regaladas.
Para nosotros seréis siempre ejemplo y referencia.

En nuestra versión de los hechos, Pablo Wilson desafía la evidencia y la fulmina. Biela son una catarata emocional. Camellos están más que revelados, ya son la puta voz de la conciencia. Medalla pura urgencia y zapatilla. Da Loma desprenden aroma de clásicos, chulería y honestidad a partes iguales. Edredón son un paraíso perdido. Litoral es la postal más entrañable del mediterráneo más pagano. Gloriosa Rotonda practican el sonido de la autopista. Tachenko somos todos y nos pudimos querer lo que no está escrito. El Mató: las frases cortas y el himno del perseguidor. Disciplina Atlántico llevan el ruidismo pátrio donde nadie. Alborotador Gomasio lo intentan como siempre y aquí la clavan como nunca. Nacho y Christina por los veranos fatales, ahora imposibles. Franc3s ¿qué fue de ellos? Que vuelvan. Ornamento y el Madrid de las provincias, el glamour del españolito, himno de la comunidad autómata. Boba dice que podría haber sido peor en su penúltima ensoñación romántica, luego fue merecidamente mejor. Este es el Nacho que más nos emocionaba y que con una simple descripción creaba una magna emoción. Los Maga con 19 dándolo todo desde su punto de partida. Is saca todo su material en una pimpinela punk replicada por Jota. Y Pal son un punto y a parte, unos visionarios.
Usted que lo vea. Felices 20, compañeros.

Edouard Pernot

Pernot serán un trago de absenta quemando la garganta de los futuros post-jóvenes. Obsesivos y oscuros como el mismísimo Edouard, partirán de lo individual a lo colectivo, conscientes de que una verdad valdrá por mil mentiras.

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 Edouard Pernot – “La Vida Viene sin Avisar” (2019)

Reseña: Edouard Pernot – ”La Vida Viene Sin Avisar” (2019)
28/05/2020 – Originalmente publicado en https://everlongmagazine.com/

De título profético y capturado mediante sangrantes acordes antes de la decadencia nos llega este “La Vida Viene sin Avisar”, de los barceloneses Edouard Pernot. Entiéndase profético no como visionario, sino más bien como el que intuitivamente va soltando cosas que luego le caen encima y se acaban cumpliendo. Así que, a modo de sana advertencia, cuidado con lo que tienes porque ahora puedes perderlo y, por encima de todo, hay que saber perder sin que ello sea una fuerte soga. Detrás de cada cambio siempre existe una celebración.

Con Marco Morgione a los mandos y registrado en Micromaltese, este mini álbum de pop oscuro atisba luz al final del túnel y encierra en sus poco más de 18 minutos una pequeña historia que va de lo individual a lo colectivo. Pensado para los tiempos que corren, no se pierde en detalles ni virtuosismos, yendo directos al grano, condensando toda su esencia en la urgencia y la velocidad.

Quizás una de las mayores virtudes de estas canciones sea la base rítmica, obsesiva, post punk y precisa, que se antoja como el mejor arreglo musical, y es que menos es más. Sobre semejante ola sónica surfea con estilo, rabia y pasión la guitarra y la voz de Alberto Lozano, autor de largo recorrido que se impone, se reinventa y padece el que es su mejor cancionero hasta la fecha. Tampoco hay que obviar la lluvia de sintetizadores que empapa todo el disco, hasta el último calado de la concluyente ‘Otra Dimensión’.

Una apenas inapreciable introducción, con una contundente batería y una línea de bajo que suenan a martillo, te recibe como quién entra al cine con la película recién empezada y casi sin avisar estamos dentro de ‘Eterno Provisional’. “Me pesan los años, me pesan las horas y no tengo tiempo que perder aquí. No entiendo como aún sigues en la estación mientras miras el móvil con esa obsesión“. Cuidado con los textos ya que aquí, como en la ambigua y planetera ‘Segundo Premio’, nada es lo que parece, aunque el mensaje inicial está muy claro: hasta aquí hemos llegado. ‘Hipocondría’ arrastra las dudas y el quizás del anterior puñetazo en la mesa desde la humildad y la incomprensión (“tú sin embargo pareces de hielo de piedra maciza, no se agrieta tu corazón“). Lo hace musicalmente vestida de traje gris nostálgico y acompañada de una melodía en la que tiemblan las palabras convertidas en las enésimas reflexiones. Una nerviosa guitarra abre la escapista ‘Plan Perfecto’, situada en el ecuador del repertorio. Rock con estructura techno, detalle que no se le pasa por alto a Dj Moderno en el remix que se marca de dicho tema en la onda del mejor Big Toxic, aunque aquí la fiesta tiene más pinta de after angustioso que de diversión. Última parada antes del cambio de rumbo en ‘Días de Aprendizaje’, un último intento por mirar atrás sin ira y caminar hacia la indiferencia. Pone fin al viaje la redentora ‘Otra Dimensión’, con la música ralentizando algo la intensidad, pero con las palabras más afiladas que nunca (“Una verdad vale por mil mentiras, si vuelves te arranco la piel a tiras, esto no es amenaza es religión y regaré tu tumba por los dos. Solo te llevaré un ramo de flores, marchitas como nuestra relación“).

Conceptual y concienciado, en “La vida viene sin avisar” no es conveniente fiarse de las apariencias. Podría parecer que se está relatando la tan trillada historia de ruptura entre pareja con todas las miserias que ello conlleva, pero no es así. El relato es mucho más profundo y se está centrando en la historia de una amistad, en este caso de esas amistades con fraude, tan agotadoras como peligrosas, dónde en cada lamento el vampiro nos roba la sangre y la fe. Algo, por desgracia, tan cotidiano como jodido. Para terminar de rizar el rizo, y aunque el autor hable en primera persona, se está inspirando en un ser querido con el que ha compartido la caída y la superación. A pesar de estar escrito en masculino el personaje es femenino y quizás sea esto precisamente lo que hace grande al autor y lo que confirma que los sentimientos, por suerte, no tienen género.

Ahora que siempre es ahora y que es hasta soberbio hablar de mañana, no me parece insensato hablar de esperanza y contar que, mientras el mundo se derrumbaba, ha nacido un nuevo sello y espacio creativo llamado El Camerino donde uno puede entrar desnudo y salir vestido con todos los complementos. Para muestra, la preciosa portada que ilustra el álbum realizada por Sandra Cadenas en lienzo. Si el futuro nos alcanzara se estaría gestando allí el próximo álbum de Edouard Pernot y alguna caja más con sorpresas.


David Doinel

Max Secreta

Volverá la movida madrileña del exilio. Volverá y su única razón de ser será la canción. Volverá más con rabia que con absurda exposición. Max Secreta estarán a un paso de que el destino les alcance. Sus recuerdos del futuro serán trascritos ya en ese Quiéreme Siempre donde no habrá sitio para el azar. Melódico, textual o sónico, todos los cortes serán magníficos, tan bailables como reflexivos.



05/06/2020 Originalmente publicado en https://everlongmagazine.com/

Manteniendo siempre un perfil bajo alejados de demasiadas informaciones, Max Secreta son uno de esas pequeñas joyas que deja el underground de verdad. Ese que tampoco pretende dejar de serlo pero que ni tan siquiera se recrea en el propio término con sus odiosos aires de superioridad snob. Simplemente sacan al mundo lo que les pica por dentro. Y por suerte vuelven a regalarnos con este “Quiéreme Siempre” otra colección de canciones que respiran ensoñación y dudas por los cuatro costados.

Desde el corazón de Madrid, Jaime Ripa y Javier Casado vuelcan aquí el imaginario de toda una generación de jóvenes que bordea la treintena. Rescatando el espíritu de Sierra y sus noches criminales por la capital, ‘Voy a Salir’ mezcla la urgencia de la vida en la megalópolis con ese aura de misterio donde nacen las inseguridades. Dejando atrás las noches más canallas, ahora todo tiene ese sabor a poso, en el que parecemos querer apurar lo que en ocasiones se siente como un último trago de algo. Algo que ni siquiera alcanzamos a explicar con claridad. Un estado mental y sentimental que se refleja en ‘Todos Quieren Sentir Más’ y en la magnética ‘La Hora de la Verdad’, donde la crisis generacional vuelve a llamar a nuestra puerta dejando frases brutales: “me siento raro temiendo lo peor, que esto no cambie o que no cambie yo”. Todo ello con unos sintetizadores pop al más puro estilo Él Mató. Y siempre con el amor muy presente en la ecuación, para terminar de formar una gran nebulosa llena de secretos inescrutables que complica más aún el entendimiento de esta ciencia de los sueños.

Max Secreta dan en este EP rienda suelta a unas letras altamente cinematográficas, donde las capas de pop onírico se mezclan con pasajes llenos de imágenes. En medio de la fantasía y la pesadilla, la maravillosa ‘Telequinesia’ trata de traducir el lenguaje ininteligible del amor, mientras la fuerza de las pequeñas cosas vuelve a golpearnos en ‘Trizas’. Tema en el que las perfectas líneas de bajo de Brian Hunt (productor también del disco) sostienen un estribillo donde desde la sencillez vuelven a aparecer los miedos insondables. Una oscuridad que infecta la melodía de ‘Las Brisas’, un auténtico pelotazo a medio camino entre las atmósferas de The Cure y la cara más acelerada de Él Último Vecino en sus mejores hits. Con un ritmo imparable vuelven a fantasear con viajar a un lugar mágico donde ya no existan las dudas del romanticismo.

En definitiva, Max Secreta siguen sin tener la fórmula para resolver las grandes preguntas del amor y sus fases. Tampoco las de la crisis de los 30, pero lo que sí conocen es la emoción para hacer grandes canciones, firmando este disco sobresaliente. Ha costado mucho tiempo pero ya está aquí de vuelta uno de los secretos mejor guardados de la música madrileña actual.

Luis Arteaga

Fvego en Castilla

Será el coro de los penitentes entonando Misereres psicoactivos. Mantendrán una inquebrantable fe en el potencial elevador de la electricidad y en la capacidad evocadora de las melodías.
Arderá Castilla y sus campos, el cielo y nuestros corazones.



22/05/2020 – Originalmente publicado en https://everlongmagazine.com/

La publicación del material de Fuego en Castilla en la plataforma Bandcamp supone un felicísimo acontecimiento para los aficionados al rock en su vertiente menos acomodaticia y ligera. David Fernández sigue afanándose en la tarea de conferir a la música la densidad emocional y el calado humano que parecen irremisiblemente perdidos en un panorama que, como el actual, entroniza el “ejercicio de estilo” y el muzak ideológico. Nada que pueda sorprender a quienes hemos seguido su periplo anterior con Los Serpientes (del cual rescata ahora varios temas, brillantemente reconstruidos) o su notable proyecto de homenaje a la poesía de los Panero.

Si la actual servidumbre a los excesos formalistas se viese compensada por el rigor en la expresión lírica, muchos nos ahorraríamos este tipo de juicios sumarios sobre la escena actual -especialmente la nacional-; pero es indudable que la situación es la contraria: nunca se hizo notar tanto la pobreza de contenidos, ni se llevó tan a gala la frivolidad en el discurso, asimilada a la insidiosa actitud cool y al nihilismo autoconsciente. En tal contexto, las canciones de Fuego en Castilla emergen como una singular anomalía a todos los niveles, invocando los espíritus de la psicodelia visionaria, la poesía lorquiana y la mística telúrica de Val del Omar. Su tormentosa homilía sobre lo divino y lo humano -pasiones terrenales y excelsas conturbaciones espirituales- se realza mediante recios trazos melódicos y ásperos arrebatos de ruido blanco, adoptando la forma de un herético devocionario moderno (capaz de dar cuenta tanto de nuestras inicuas inclinaciones como de la abrasadora sed de trascendencia). En resumen, un vibrante lienzo sonoro, permeado de esencias mesetarias y andaluzas, que plasma los claroscuros anímicos y el sentimiento religioso popular (ahora relegado a los sótanos de la subcultura) envueltos en adustas ráfagas de electricidad shoegazer.

‘Derribando Edificios Nuevos’ o ‘Nos Falta Fe’ representan los vértices más atmosféricos y sosegados de este singular diamante en bruto. Dinámica y resoluta la primera, más ingrávida y meditativa la segunda, ambas son un prodigio de intensidad contenida y poder de sugestión. ‘Vértigo’, a su vez, podría verse como la otra cara de esa moneda: va creciendo con la misma hipnótica cadencia, pero exhibe un crepitante muro de distorsión que la convierte en un pequeño maelström ascendente.

Es precisamente la facultad elevadora de esa sobresaturación lo que permite las comparaciones con la escuela shoegazer británica, cuyas guitarras dotaban de corporeidad ambiental a los temas en virtud de sus texturas rugosas y su mesmérico reverb. Ahora bien, algunos temas destacan por el peculiar empleo de tales recursos expresivos, especialmente aquellos que dosifican las descargas de feedback, revelando intrigantes juegos dialécticos entre la tensión dramática y esas fugas eléctricas que devienen catárticas. Hablamos de una suerte de sinergia alquímica entre el sonido y el mensaje; el lamento atávico y el arrobamiento místico; el amor profano y la apelación a lo absoluto. ‘Heridos’ y ‘San Lorenzo’ condensan todos estos aspectos de forma natural, a través de una espiritualidad impetuosa y asilvestrada. Los sones aflamencados de la primera se diluyen abruptamente en un borboteo eléctrico, a la manera de un quejío interior de resonancias cósmicas, solemne y grave, en consonancia con su reivindicación de una pasión y sabiduría ancestrales. ‘San Lorenzo’, más dramática, hace hincapié por su parte en conflictos de índole sentimental, sirviéndose de ásperas disonancias y una contundente base rítmica en su explicitación del vía crucis interior, cristalizando en un Acta Martyrum espiritual.

‘Mis Pequeños Infartos’ sería otro ejemplo de este modus operandi, llevando acaso hasta el paroxismo el efecto purgativo de la distorsión, irradiada como una convulsión sísmica tras un primer desarrollo -falsamente apacible- con reverberaciones cercanas al dub. El perspicaz análisis del claroscuro moral que ennegrece nuestra alma también se efectúa en ‘Devoción’, musicalmente más briosa, y adquirirá tintes casi metafísicos en la espléndida ‘Nos Falta Fe’. Es en este tema donde la obra de Fuego en Castilla alcanza momentos de desgarradora introspección, escrutando un sentimiento de abandono universal con intensidad poco común, reforzado por la austeridad formal, el tono pesaroso y la gelidez ambiental.
La dimensión más espiritual también cristalizaría en ‘Surfin Jesus’, de guitarras sucias y melodía diáfana, latigazo que entronca con la escuela del rock más consistente en castellano (de 091 a Surfin’ Bichos), esa que siempre ha huido de la pirotecnia, conjurando su aliento salvaje con sentido y sensibilidad; deuda moral que es saldada con creces en el estribillo de ‘Vértigo’, con cita incorporada de José Ignacio Lapido y una inflexión melódica en caída libre. Todo el disco muestra, además, una unidad férrea entre el expansivo sonido y su trémula expresión lírica, siguiendo la senda marcada por libros de estilo tan ilustres.

En este sentido, puede parecer que un tema como ‘Cuando’, con base electrónica y cetrinos aires synth-pop, supondría una cierta ruptura en su unidad estilística. En realidad, se trata de una aproximación a la coldwave coherente en forma y fondo con un conjunto más ecléctico de lo que parece; y es que hemos de agradecerle a David Fernandez que su genio compositivo no se reduzca al cultivo de una visión monolítica del rock; o que le lleve a centrarse exclusivamente en los aspectos más sombríos de la condición humana. Esto queda atestiguado por dos canciones exultantes, imbuidas ambas de una euforia melancólica capaz de reconfortar el alma. Una de ellas es ‘La Rabia’, una suerte de versión libre de ‘Se Acabó la Rabia’, del semidesconocido grupo de indie pop Mañana, que representa tanto un homenaje al original cuanto un acto de generosidad artística, tan enjundiosos son sus aportes a nivel musical y lírico. Y luego estaría ‘Mal de Aurora’, refulgente pieza pop que, con sus hechuras clásicas (estrofa-estribillo –estrofa), ese vigor melódico que ya es marca de la casa y un texto adorable, consigue transmitir la más prístina de las emociones. Gracias, pues.

Eduardo Ramos

 

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